La luz se acerca más rápido sobre mí, me caigo, me lastimo, un dolor tan grande sacude mi ser. Estoy solo, sin nadie en quien aferrarme ahora. Es aquel dolor que sentí cuando te perdí, me aferre a ti, me soltaste. La herida quedo allí, sin sanar. El vuelve a seguir mirando al horizonte, su corazón ya murió, sus ojos se volvieron marchitos, su rostro está seco y sin vida. Cree que ya no amará más. No volverá a ver más ese dolor.
Sigue corriendo por las calles de la ciudad oscura que pertenece, de pronto cae, como cae la hoja que estaba atrapada en ese árbol otoñal que espera que sea invierno. Trata de pararse, ya no tiene fuerzas para seguir, esas piedras la resbalan de su realidad.
Se queda allí gritando con gran desesperación. Se queda allí tratando que lo vean pero nadie lo logrará ver.






